Actus Tragicus
A veces me apetece estar triste,
hastiado de tanta felicidad,
de tanta sonrisa plástica,
de tanta cirugía del bienestar,
cansado de abrazos postizos
más vampíricos que empáticos,
harto de besos al aire
que no te rozan la piel,
harto de miradas bobaliconas
tan profundas como un charco,
de discursos de autoayuda
vaciadores del alma y los bolsillos,
muñecos de paja
bien rellenos de mentiras
que arden a la mínima chispa
dejando un montículo de sonrientes cenizas.
Exhausto de homilías felices,
de prédicas a la alegría,
exhibo el estigma de Caín
con un orgullo oscuro, placentero,
ufano de mi tristeza,
presumiendo de pertenecer al otro mundo,
envaneciendo a los comunes
que se cruzan en mi camino
y solo saben de seres albos,
luminosos entes intachables
perfectamente aburridos,
rectos y de alegre discurso,
criaturas plomizas
desconocedoras de Abraxas,
de lo oscuro de la luz,
de la feminidad masculina,
de la bella tristeza,
de lo hermoso de la pena,
melancólica sensación de amargura,
pesadumbre del quebranto,
desconsuelo en la nostalgia,
primoroso pesar que nos envuelve
y nos libera.
Bendita tristeza,
hoy sentimiento de trinchera,
revolucionara en estos tiempos
de felicidad imperecedera,
dictadura emocional que nos segmenta
en períodos interminables de bonanza
compartimentando la miseria
en pútridos cajones
que hulen en la distancia,
hedor dulzón
atractivo para moscas y coleópteros,
para buitres y vampiros,
para refinados monstruos extrovertidos.
Extenuado de no poder rendirme,
de querer parar esta carrera insigne
cuya meta es el abismo,
caída sistémica hacia el engranaje
de sonrisas que encajan a la fuerza
en el aparato mundo,
ese software ganadero
que ordeña caras felices
para lubricar una maquinaria lujuriosa,
pornografía del dinero,
prostitución del tiempo libre.
 |
| In search of sunrise by Daroz |