martes, 2 de agosto de 2016

Las dudas de la embriaguez

Quizás nunca llegues a leer esto que parecen unos versos escritos en prosa.

Quizás, sencillamente, ya ni pienses en mí, te hayas olvidado de mi espuria presencia y no sea más que un insignificante recuerdo incapaz de robarte ni un grano de la arena de tu preciado tiempo.

Quizás, mientras yo apenas he pasado del prólogo, tú ya estás pensando en el próximo libro: acariciando su portada, admirando su cuidada encuadernación y deleitándote con ese grandilocuente título.

Quizás, simplemente, es una cuestión de percepción y no quiero aceptar que siempre he estado fuera, que siempre te he observado a través del cristal como un chiquillo con miedo a que se hagan realidad sus fantasías.

Quizás, mientras yo movía mis negras torres en línea recta, tú tomabas las diagonales con tus blancos alfiles en un impecable e implacable jaque mate que terminaba con la partida usando un simple movimiento.

Quizás y sólo quizás, sea yo y sólo yo el que siente un vacío en el lugar que había reservado para ti, ese no lugar (ahora sin nombre) absolutamente sin ningún sentido y por el que transitan espíritus anónimos.

Quizás nunca llegues a leer esta prosa que parecen versos, aun así te los escribo con la esperanza de que la mar se los lleve y un mal día los encuentres en el fondo de una botella vacía.


viernes, 20 de mayo de 2016

Irrupciones II...

Crees que beber es la forma de poder olvidar, pero caes en la trampa de las brumas del recuerdo...
"Characters of the Night" de Fabián Pérez

Con los ecos persistentes de la resaca de la noche anterior, me derrumbo sobre mi cama con la esperanza de poder despejar los malos humores que recorren mi ajado cuerpo, pero sobre todo para desalojar a los que transitan, sin haber sido invitados, por mi alma cansada y tienden a hundirme en ese estado de letargo odioso y agradable que tiene la costumbre de no querer marcharse. 

La música es lo único que me calma, aunque a veces decide jugarme malas pasadas y despierta inveterados recuerdos que había encerrado en las habitaciones más recónditas de mi traicionera memoria, emergiendo abruptamente y situándose en el centro de mis pensamientos como una argéntea luz cegadora que acapara toda la atención, al tiempo que silencia al resto de voces que atesoro en los baúles de mi mente.

Es entonces cuando me sorprendo pensando en ella, imaginando finales alternativos para aquel funesto capítulo que protagonicé sin saber siquiera que la trama transcurría a mi alrededor; centrada en este taciturno personaje fatigado de caer una y otra vez en la misma celada, harto ya de este perenne dejà vu de rostro cambiante que va horadando la promesa de poder zanjar con mi imperecedera maldición, esa que me hostiga desde que saboreé el licor que custodian las mujeres entre sus labios. 

martes, 3 de mayo de 2016

La primera herida es la más profunda

Cuando el alma se te desgarra ya no existe forma posible de volver a fundir los fragmentos resultantes de semejante desolación para recuperar la aleación primigenia. El único remedio que nos queda es rescatar los pecios que vamos encontrando, recomponer las porciones de sustancia que han sobrevivido al naufragio y la mar insondable ha tenido a bien devolvernos.

Cuando la etérea flecha hiende nuestra entidad, quedamos a merced de cualquier taimado cazador sediento de voluntades quebradas; ávido trampero que enmaraña nuestra psique empoderándose sobre su particular montaña de miseria autoimpuesta, cual banshee anunciando nuestra propia muerte, proclamando el deceso de nuestra aquiescencia hasta anular el pundonor que nos pertenece.

Cuando se rasga el alma y el súbito venablo nos atraviesa arrebatándonos el hálito vital, sucumbimos por unos instantes al lapso que se toma el tiempo, ese receso interminablemente escueto y sin sentido que concluye en el momento en el que el corazón reanuda su efímera función, pero esta vez de forma diferente, desacompasada, a un ritmo incierto, casi imprudente, pues la forzosa deconstrucción lega pozos ciegos de aguas negras que se volatilizan abandonando los residuos en un vacío imposible de rellenar; “en estas condiciones no hay alivio posible, ni el bálsamo falaz de la nostalgia, ni el más firme consuelo del olvido”.


sábado, 16 de enero de 2016

Irrupciones...

Algunas mujeres te atrapan el alma y no la sueltan hasta que ya no queda nada más que absorber, nada más de lo que poder alimentarse...


Vuelves para remover los posos de remembranzas que escondo en cajones bajo llave. Irrumpes humilde en mis aposentos, grácil e inocente, con esa gracia que me calma como una dulce melodía calma a las bestias, usando ese tono afable cercano al ronroneo, canto de sirenas que me hace caer en tu trampa de forma irremediable, mas cuando te sabes vencedora de este duelo entre dioses y mortales, te marchas empujando la puerta y dejando recalar gélidas corrientes de viento que lo revuelven todo, generando un caos corruptor que extiende toda tu displicencia hasta los más recónditos rincones de mi alma.
Y yo, mi yo, se queda solo en el centro de mi habitación, observando el desorden y sin saber por dónde comenzar a recolocar las piezas de este taciturno puzle que me avengo a llamar vida.
Lo peor de todo es que siempre se me olvida cambiar esta maldita cerradura…