sábado, 5 de septiembre de 2020

Al otro lado del silencio...

 Un poco más

¿Cómo estás amigo? Hace tiempo que estoy pensando en ti y sé que no podemos vernos, al menos vernos como dicen que se ven los demás y te mentiría si te dijera que no te echo de menos. 

Hay quien dice que todos tenemos un destino, que nuestra hora o nuestro final está marcado al nacer. Hay quien habla de nuestro propósito en este mundo y que cuando lo cumplimos nos podemos marchar en paz, vete tú a saber…

Pero maldita sea, me hubiera gustado que te quedaras un poco más para seguir discutiendo de si Dios tenía derecho a reclamarte o, por el contrario, hubieras seguido acompañándonos con tu luz. Ya sabes que yo no soy muy ducho en esas lides y quizás se me pueda acusar de egoísta, pero acepto ese pecado con gusto, al fin y al cabo, Dios y yo no nos llevamos muy bien. Si en realidad lo ves dile que a mí no me busque, ya veré yo a dónde quiero ir cuando me toque.

Realmente no sé dónde estarás, sin embargo, me gusta pensar que estás en todos nosotros, que aquellos diminutos fragmentos de cenizas volaron hasta cada una de nuestras almas y todos tenemos un pedacito de ti en nuestro interior que nos acompaña allá a donde vayamos, quizás eternamente.

Querido amigo, ya no tienes que preocuparte por la vida mundana, aun así, déjame decirte que me faltó una última cerveza, un último vino, una última sonrisa, pero, sobre todo, un último abrazo; un abrazo de esos que sólo tú sabías dar, de esos que te hacían sentir bien, que te envolvían con el corazón y te hacían sentir querido, un abrazo que te hacía sentir humano formando parte de un todo. Algunos dirán que es exagerar si digo que cuando me abrazabas también me abrazabas el alma y existen pocas personas en este mundo que puedan realizar este tipo de hazaña.

Querido Juan, quizás nos volvamos a ver al otro lado del silencio, pero mientras tanto te recordaré tal y como fuiste: un imperfecto hombre perfecto.



Cuestiones dantescas...

 “A mitad del camino de la vida

yo me encontraba en una selva oscura”

Divina Comedia: Infierno, Dante Alighieri


Profana Comedia

Se apoderaron de mí fuerzas que no conocía, 

impulsos sombríos, lóbregos proverbios

de un personaje invitado a escena

y sin avisar.

Comediante sin gracia, sórdido acicate

de tenebrosas escenas que no quiere ver nadie,

morbosas realidades subconscientes

de un funesto intérprete

que mueve los hilos de un fantoche

dispuesto a ver atrocidades

de las que no se siente responsable

aunque sus manos estén empapadas en sangre.

Inocente títere que esputa culpas

omitiendo la imagen que le devuelve el espejo,

preterir el yerro de un pecado incandescente

que abrasa los conceptos primigenios

de un cándido muchacho

convencido de la incorrupta voluntad indeleble

que exhibía ante un auditorio de eternos oyentes.

Archipámpano de una nívea sala

en la que gobierna un coro de voces

que jamás se han puesto de acuerdo,

gritando libertad, gritando reproches

por la alquimia que los adormece

y los mantiene cautivos en un cuerpo ajeno 

al que no pertenecen.