lunes, 26 de octubre de 2015

Sombras en la noche...


Haz de luz

Tengo miedo de mi propia sombra.
Cuando no la miro
ella me observa desde atrás
calculadora y fríamente,
esperando, pensando en asaltarme
tras el próximo haz de luz
que la vuelva corpórea y mortífera.

Es curioso cómo la sombra
es sólo sombra si hay luz,
porque cuando todo es oscuro
se diluye, se pierde, se masifica
entre la multitud de sombras
todas agolpadas y sin identidad,
impacientes por reivindicar sus formas,
inquietas por que las riegue la luminiscencia
y puedan gritar, “¡Soy yo, mírame!
¡Soy yo, sombra de tu luz,
viajera incansable, fiel seguidora,
tormento de tus días y susurro en tus noches!
¡Soy yo, tu negra irradiación, tu oscuridad,
evidencia de tus males y tu humanidad!
¡Aborréceme y hazme leviatán abominable!
¡Despréciame y conviérteme en tortura interminable!
Inúndalo todo de luz
y no harás más que clonarme,
mas si me amas, te devoraré,
serás un cascarón inerte,
moribundo, tembloroso y errante”.

Es curioso cómo la sombra
es cruel ante el odio,
peor frente al amor,
dependiente de su peor enemiga
que le otorga el ser
con su candor.

Y yo…
Yo sólo soy una sombra,
la sombra de un hombre.


jueves, 8 de octubre de 2015

La somnolencia de la embriaguez...

Tener al enemigo dentro

Me retuerzo entre las sombras
intentando averiguar quién es
ese esperpento que me devuelve el espejo,
quién es ese espectro difuso,
inconsistente, volátil, oscuro.

Miro y sólo veo humo configurando
una silueta grotesca y hambrienta
pidiendo cada vez más,
exigiendo cada vez más sombras,
más oscuridad, más terreno.

Engullendo pedazo a pedazo
la poca luz que albergo
para después regurgitar
pequeños demonios incandescentes
que lo queman todo a su paso,
convirtiendo así en cenizas
lo poco que queda de mí,
si es que todavía queda algo.