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jueves, 2 de agosto de 2018

Palabras que se me escapan...


Todos dicen I love you

De la nada hilvano palabras
que adquieren su significado
sólo cuando las escribo,
vocablos mudos y ausentes
que me exigen tinta
para poder existir,
para poder entrar en ese diccionario
que escondo en uno de mis ventrículos
y que palpita verbos
en cada uno de mis latidos.

Recopilo voces escritas
que se manifiestan
sólo cuando las invoco,
antiguas lenguas perdidas
que voy descifrando a intervalos imprecisos,
enigmas de un códice olvidado
evocador de términos
que sangran mi memoria
cada vez que reverberan
contra las paredes de mi existencia.

martes, 7 de marzo de 2017

Poblada soledad

Como dijo Zygmunt Bauman: “Somos solitarios en contacto permanente”.


La vida Moderna

Estaba borracho de cansancio,
cansado de estar cansado,
con esa nebulosa embriaguez
que a duras penas te permite
encadenar un par de pensamientos
que se marchan sin dejar
rastro alguno de su paso.

Una mente en blanco,
vacía y anodina,
rellena por el spam de la nube,
las ruinas de un bombardeo
constante y continuo
de las pantallas luminiscentes,
el narcótico perfecto.

La gran melopea social
que nos ha pescado a todos
con su red intangible
creadora de irrealidades
arrobadoras del sueño,
proyecciones sirénidas
que nos empujan hacia las rocas,
hacia la pérdida del discernimiento.

Una masa de dipsómanos
adictos al nimboestrato
de la información incesante,
escanciando del cáliz
que nunca se vacía
en un eterno ritual de libación
cuyo clímax
es el orgasmo del ego.

martes, 3 de mayo de 2016

La primera herida es la más profunda

Cuando el alma se te desgarra ya no existe forma posible de volver a fundir los fragmentos resultantes de semejante desolación para recuperar la aleación primigenia. El único remedio que nos queda es rescatar los pecios que vamos encontrando, recomponer las porciones de sustancia que han sobrevivido al naufragio y la mar insondable ha tenido a bien devolvernos.

Cuando la etérea flecha hiende nuestra entidad, quedamos a merced de cualquier taimado cazador sediento de voluntades quebradas; ávido trampero que enmaraña nuestra psique empoderándose sobre su particular montaña de miseria autoimpuesta, cual banshee anunciando nuestra propia muerte, proclamando el deceso de nuestra aquiescencia hasta anular el pundonor que nos pertenece.

Cuando se rasga el alma y el súbito venablo nos atraviesa arrebatándonos el hálito vital, sucumbimos por unos instantes al lapso que se toma el tiempo, ese receso interminablemente escueto y sin sentido que concluye en el momento en el que el corazón reanuda su efímera función, pero esta vez de forma diferente, desacompasada, a un ritmo incierto, casi imprudente, pues la forzosa deconstrucción lega pozos ciegos de aguas negras que se volatilizan abandonando los residuos en un vacío imposible de rellenar; “en estas condiciones no hay alivio posible, ni el bálsamo falaz de la nostalgia, ni el más firme consuelo del olvido”.


sábado, 16 de enero de 2016

Irrupciones...

Algunas mujeres te atrapan el alma y no la sueltan hasta que ya no queda nada más que absorber, nada más de lo que poder alimentarse...


Vuelves para remover los posos de remembranzas que escondo en cajones bajo llave. Irrumpes humilde en mis aposentos, grácil e inocente, con esa gracia que me calma como una dulce melodía calma a las bestias, usando ese tono afable cercano al ronroneo, canto de sirenas que me hace caer en tu trampa de forma irremediable, mas cuando te sabes vencedora de este duelo entre dioses y mortales, te marchas empujando la puerta y dejando recalar gélidas corrientes de viento que lo revuelven todo, generando un caos corruptor que extiende toda tu displicencia hasta los más recónditos rincones de mi alma.
Y yo, mi yo, se queda solo en el centro de mi habitación, observando el desorden y sin saber por dónde comenzar a recolocar las piezas de este taciturno puzle que me avengo a llamar vida.
Lo peor de todo es que siempre se me olvida cambiar esta maldita cerradura…

jueves, 17 de diciembre de 2015

Testimonio de un torpe suicida...


Nacemos muertos, inútiles y vulnerables; un amasijo de huesos y carne conectados a nuestra creadora por una línea de vida que cortan antes de poder decidir si este mundo es de nuestro agrado. Cuando cortan el cordón morimos por un instante, nos arrebatan la última posibilidad de conservar ese hedónico universo en el que flotábamos con la total libertad de no ser molestados por las interferencias del mundo real.

Es injusto nacer sin que te pregunten, sin avisarte al menos de las consecuencias que tiene la intemperie, ese vasto desierto, a veces jungla, que te absorbe en una espiral vampírica para luego regurgitar tus restos en cualquier rincón sin nombre.

Morimos y nacemos en un acto simultáneo, demostrando la dialéctica de la existencia, intentando desafiar las leyes naturales que posteriormente nos encargamos de violar una y otra vez, obsesionados con controlar el caos inevitable que nos envuelve, que nos rodea como una niebla impidiéndonos conocer cuál será el próximo golpe; ir conduciendo por una oscura carretera vislumbrando apenas el leve fulgor de tus propios faros hasta que el resplandor de otros dos puntos de luz te hacen dar un volantazo hacia la nada y todo termina igual que comenzó: sangre, oscuridad y un hilo que se corta empapado por las lágrimas primigenias de un actor inconsciente de la vorágine del caos.

Sucumbimos y emergemos de nuevo por una oportunidad prestada que nos permite continuar nuestra odisea surcando lóbregas aguas sobre una embarcación perdida entre la bruma y cuyo único consuelo es saber que si nos hundimos, si nos rendimos ante la inmensidad del vacío, regresaremos por un instante a esa matriz en la que todo era perfecto y podremos descansar de la tétrica realidad.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Beber para recordar...

Con la última copa siempre regresa su turbio recuerdo, una neblina que me hace anhelar tiempos que ahora se van desvaneciendo entre el alcohol…


Ella

Es la perfección más imperfecta,
ese cúmulo de fallos y errores
que representan todo lo que quiero;
esa configuración de anhelos
que uno sueña cuando está despierto
y nunca espera sentir en la vigilia.

Es la locura elevada a raciocinio
de forma descendente,
rebuscar en un infierno sin nombre
otra entidad ignífuga
que sepa arder con una mirada abisal
tan profunda como cicatrices nominales.

Es la causalidad más casual,
ese frugal evento aleatorio predestinado
a la circunscripción de mi existencia
cuando estoy acompañado de nadie,
mas rodeado de susurros insondables
procedentes de la nada.

Es locura, es imperfección, es causalidad,
es sueño, es cicatriz, es dolor y realidad.
Es la piedad del verdugo
o quizás su vanidad.
Es infierno, son susurros, es abismo
o quizás perfecta casualidad.

lunes, 26 de octubre de 2015

Sombras en la noche...


Haz de luz

Tengo miedo de mi propia sombra.
Cuando no la miro
ella me observa desde atrás
calculadora y fríamente,
esperando, pensando en asaltarme
tras el próximo haz de luz
que la vuelva corpórea y mortífera.

Es curioso cómo la sombra
es sólo sombra si hay luz,
porque cuando todo es oscuro
se diluye, se pierde, se masifica
entre la multitud de sombras
todas agolpadas y sin identidad,
impacientes por reivindicar sus formas,
inquietas por que las riegue la luminiscencia
y puedan gritar, “¡Soy yo, mírame!
¡Soy yo, sombra de tu luz,
viajera incansable, fiel seguidora,
tormento de tus días y susurro en tus noches!
¡Soy yo, tu negra irradiación, tu oscuridad,
evidencia de tus males y tu humanidad!
¡Aborréceme y hazme leviatán abominable!
¡Despréciame y conviérteme en tortura interminable!
Inúndalo todo de luz
y no harás más que clonarme,
mas si me amas, te devoraré,
serás un cascarón inerte,
moribundo, tembloroso y errante”.

Es curioso cómo la sombra
es cruel ante el odio,
peor frente al amor,
dependiente de su peor enemiga
que le otorga el ser
con su candor.

Y yo…
Yo sólo soy una sombra,
la sombra de un hombre.


jueves, 8 de octubre de 2015

La somnolencia de la embriaguez...

Tener al enemigo dentro

Me retuerzo entre las sombras
intentando averiguar quién es
ese esperpento que me devuelve el espejo,
quién es ese espectro difuso,
inconsistente, volátil, oscuro.

Miro y sólo veo humo configurando
una silueta grotesca y hambrienta
pidiendo cada vez más,
exigiendo cada vez más sombras,
más oscuridad, más terreno.

Engullendo pedazo a pedazo
la poca luz que albergo
para después regurgitar
pequeños demonios incandescentes
que lo queman todo a su paso,
convirtiendo así en cenizas
lo poco que queda de mí,
si es que todavía queda algo.


martes, 15 de septiembre de 2015

Como cada noche...

Regresar a casa bajo la atenta mirada de la Luna...

Insomnio

En las gélidas noches
cuando se supone
que todo está tranquilo,
cuando se supone
que el mundo duerme,
yo deambulo en la penumbra
intentando discernir
dónde está la etérea frontera
que separa la luz de la oscuridad.

Ando ebrio de insomnio
bajo el estático fulgor de mi flexo,
espectador y guardián
de mis peores secretos.

Ando, y cruzo la linde luminiscente
una y otra vez
hasta perder la noción
del espectro luminoso
en el que me encuentro,
para así transitar
hacia la onírica dimensión
que es tierra de nadie,
esa dimensión donde orbito
en torno a mis demonios,
demonios con los que negocio
y pacto una tregua
hasta la siguiente noche
sin saber si podré pagar
el precio que me imponen.


lunes, 31 de agosto de 2015

El ciclo eterno de las cosas...


Ouroboros

Llegar a casa en el lapso del crepúsculo
buscando la penumbra de mi habitación
para volver a abrazar a la soledad que allí habita,
la que no se queja de mi embriaguez,
la que me ofrece compañía imperecedera.

Pero hace frío
a pesar de su cálida presencia
y las sábanas de mi cama
no son más que embozos etéreos
incapaces de caldear el interior
de mis desapacibles pensamientos
reproductores de un lastimero eco:
el tañido de unas llaves rasgando
la esquiva cerradura de la puerta
que se resiste a dejarme entrar.

Es el eterno retorno, mi ouroboros.
Atravesar el umbral del anhelo
para arribar al punto de partida
que me devuelve al ignoto albor
de mi exigua melopea.




sábado, 29 de agosto de 2015

Uroboros


¿Tu problema? Yo te diré cuál es tu problema, amigo mío. Niegas tu realidad, lo que eres.
Te piensas por encima de todo esto, como si fuéramos parte de una broma que sólo tú entiendes. Hazme caso maldita sea, tú y yo somos iguales. Lo sé bien. No pongas esa cara, no a estas horas. Ahora deja esa copa un minuto, eso es, y escúchame bien.

Nacemos y caemos,
nos dejamos arrastrar,
el deslumbramiento,
el regocijo, el miedo,
nacemos hambrientos,
sin estómago ni dentadura,
por definición insaciables,
nuestro propio de rerum natura,
nacemos del suelo,
somos fracaso, somos vacío,
roemos con las encías los restos,
nos revolcamos, 
vagamos entre desechos,
nacemos después de muertos,
aprendemos apenas, 
sentimos con desmesura, siempre,
caemos, caemos,
nos matan y nacemos,
si no nos matan, nos matamos,
si no hay asesino lo inventamos,
por todos conocido,
el tiro ese que nos damos,
no hay culpable sin miseria,
el alcohol, el regocijo,
el miedo, el deslumbramiento,
alguna dulce mujer,
y vuelve la rueda a girar,
una vez tras otra
en nuestra naturaleza de las cosas.

viajamos, naufragamos,
caemos, caemos.





No hay remedio, ni ganas.

jueves, 13 de agosto de 2015

Tira los dados


Anoche, un hombre que nunca había visto por aquí se sentó en la banqueta que estaba a mi lado, y con aire ausente me contó cómo había perdido todo su dinero en el casino. Quizás fuese el alcohol, o tal vez la iluminación anaranjada de las lámparas colgantes sobre sus facciones, el caso es que hubiera jurado que a aquel pobre diablo le importaba un comino haberse quedado sin blanca. Había algo de maravilloso en aquella tragedia.

Entonces, desde la esquina más cercana de la barra, un trasnochado eterno aspirante a escritor que frecuentaba el local -y que por cierto no perdía ocasión para colarse en conversaciones ajenas con alguna de sus ocurrencias-, empezó a recitar apasionadamente a un volumen más alto del habitual:


si vas a intentarlo, ve hasta el 
final.
de lo contrario, no empieces siquiera.

si vas a intentarlo, ve hasta el 
final.
tal vez suponga perder novias,
esposas, familia, trabajo y
quizá la cabeza.

tal vez suponga no comer durante tres o cuatro días.
tal vez suponga helarte en el
banco de un parque.
tal vez suponga la cárcel,
tal vez suponga humillación,
tal vez suponga desdén,
aislamiento.

el aislamiento es el premio,
todo lo demás es para poner a prueba tu
resistencia, tus
auténticas ganas de
hacerlo.
y lo harás
a pesar del rechazo y de las ínfimas probabilidades
y será mejor que 
cualquier cosa
que pudieras imaginar.

si vas a intentarlo,
ve hasta el final.
no existe una sensación 
igual.
estarás solo con los dioses
y las noches arderán en
llamas.

hazlo, hazlo, hazlo,
hazlo.

hasta el final, hasta el final.

llevarás las riendas de la vida hasta la 
risa perfecta, es por
lo único que vale la pena
luchar.

Roll the dice. Por Charles Bukowski



Sírvase frío.
Se recomienda un consumo responsable.
Mi pequeño homenaje a los "Bukowski Brothers".