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sábado, 5 de septiembre de 2020

Al otro lado del silencio...

 Un poco más

¿Cómo estás amigo? Hace tiempo que estoy pensando en ti y sé que no podemos vernos, al menos vernos como dicen que se ven los demás y te mentiría si te dijera que no te echo de menos. 

Hay quien dice que todos tenemos un destino, que nuestra hora o nuestro final está marcado al nacer. Hay quien habla de nuestro propósito en este mundo y que cuando lo cumplimos nos podemos marchar en paz, vete tú a saber…

Pero maldita sea, me hubiera gustado que te quedaras un poco más para seguir discutiendo de si Dios tenía derecho a reclamarte o, por el contrario, hubieras seguido acompañándonos con tu luz. Ya sabes que yo no soy muy ducho en esas lides y quizás se me pueda acusar de egoísta, pero acepto ese pecado con gusto, al fin y al cabo, Dios y yo no nos llevamos muy bien. Si en realidad lo ves dile que a mí no me busque, ya veré yo a dónde quiero ir cuando me toque.

Realmente no sé dónde estarás, sin embargo, me gusta pensar que estás en todos nosotros, que aquellos diminutos fragmentos de cenizas volaron hasta cada una de nuestras almas y todos tenemos un pedacito de ti en nuestro interior que nos acompaña allá a donde vayamos, quizás eternamente.

Querido amigo, ya no tienes que preocuparte por la vida mundana, aun así, déjame decirte que me faltó una última cerveza, un último vino, una última sonrisa, pero, sobre todo, un último abrazo; un abrazo de esos que sólo tú sabías dar, de esos que te hacían sentir bien, que te envolvían con el corazón y te hacían sentir querido, un abrazo que te hacía sentir humano formando parte de un todo. Algunos dirán que es exagerar si digo que cuando me abrazabas también me abrazabas el alma y existen pocas personas en este mundo que puedan realizar este tipo de hazaña.

Querido Juan, quizás nos volvamos a ver al otro lado del silencio, pero mientras tanto te recordaré tal y como fuiste: un imperfecto hombre perfecto.



martes, 2 de agosto de 2016

Las dudas de la embriaguez

Quizás nunca llegues a leer esto que parecen unos versos escritos en prosa.

Quizás, sencillamente, ya ni pienses en mí, te hayas olvidado de mi espuria presencia y no sea más que un insignificante recuerdo incapaz de robarte ni un grano de la arena de tu preciado tiempo.

Quizás, mientras yo apenas he pasado del prólogo, tú ya estás pensando en el próximo libro: acariciando su portada, admirando su cuidada encuadernación y deleitándote con ese grandilocuente título.

Quizás, simplemente, es una cuestión de percepción y no quiero aceptar que siempre he estado fuera, que siempre te he observado a través del cristal como un chiquillo con miedo a que se hagan realidad sus fantasías.

Quizás, mientras yo movía mis negras torres en línea recta, tú tomabas las diagonales con tus blancos alfiles en un impecable e implacable jaque mate que terminaba con la partida usando un simple movimiento.

Quizás y sólo quizás, sea yo y sólo yo el que siente un vacío en el lugar que había reservado para ti, ese no lugar (ahora sin nombre) absolutamente sin ningún sentido y por el que transitan espíritus anónimos.

Quizás nunca llegues a leer esta prosa que parecen versos, aun así te los escribo con la esperanza de que la mar se los lleve y un mal día los encuentres en el fondo de una botella vacía.


viernes, 20 de mayo de 2016

Irrupciones II...

Crees que beber es la forma de poder olvidar, pero caes en la trampa de las brumas del recuerdo...
"Characters of the Night" de Fabián Pérez

Con los ecos persistentes de la resaca de la noche anterior, me derrumbo sobre mi cama con la esperanza de poder despejar los malos humores que recorren mi ajado cuerpo, pero sobre todo para desalojar a los que transitan, sin haber sido invitados, por mi alma cansada y tienden a hundirme en ese estado de letargo odioso y agradable que tiene la costumbre de no querer marcharse. 

La música es lo único que me calma, aunque a veces decide jugarme malas pasadas y despierta inveterados recuerdos que había encerrado en las habitaciones más recónditas de mi traicionera memoria, emergiendo abruptamente y situándose en el centro de mis pensamientos como una argéntea luz cegadora que acapara toda la atención, al tiempo que silencia al resto de voces que atesoro en los baúles de mi mente.

Es entonces cuando me sorprendo pensando en ella, imaginando finales alternativos para aquel funesto capítulo que protagonicé sin saber siquiera que la trama transcurría a mi alrededor; centrada en este taciturno personaje fatigado de caer una y otra vez en la misma celada, harto ya de este perenne dejà vu de rostro cambiante que va horadando la promesa de poder zanjar con mi imperecedera maldición, esa que me hostiga desde que saboreé el licor que custodian las mujeres entre sus labios. 

martes, 3 de mayo de 2016

La primera herida es la más profunda

Cuando el alma se te desgarra ya no existe forma posible de volver a fundir los fragmentos resultantes de semejante desolación para recuperar la aleación primigenia. El único remedio que nos queda es rescatar los pecios que vamos encontrando, recomponer las porciones de sustancia que han sobrevivido al naufragio y la mar insondable ha tenido a bien devolvernos.

Cuando la etérea flecha hiende nuestra entidad, quedamos a merced de cualquier taimado cazador sediento de voluntades quebradas; ávido trampero que enmaraña nuestra psique empoderándose sobre su particular montaña de miseria autoimpuesta, cual banshee anunciando nuestra propia muerte, proclamando el deceso de nuestra aquiescencia hasta anular el pundonor que nos pertenece.

Cuando se rasga el alma y el súbito venablo nos atraviesa arrebatándonos el hálito vital, sucumbimos por unos instantes al lapso que se toma el tiempo, ese receso interminablemente escueto y sin sentido que concluye en el momento en el que el corazón reanuda su efímera función, pero esta vez de forma diferente, desacompasada, a un ritmo incierto, casi imprudente, pues la forzosa deconstrucción lega pozos ciegos de aguas negras que se volatilizan abandonando los residuos en un vacío imposible de rellenar; “en estas condiciones no hay alivio posible, ni el bálsamo falaz de la nostalgia, ni el más firme consuelo del olvido”.


sábado, 16 de enero de 2016

Irrupciones...

Algunas mujeres te atrapan el alma y no la sueltan hasta que ya no queda nada más que absorber, nada más de lo que poder alimentarse...


Vuelves para remover los posos de remembranzas que escondo en cajones bajo llave. Irrumpes humilde en mis aposentos, grácil e inocente, con esa gracia que me calma como una dulce melodía calma a las bestias, usando ese tono afable cercano al ronroneo, canto de sirenas que me hace caer en tu trampa de forma irremediable, mas cuando te sabes vencedora de este duelo entre dioses y mortales, te marchas empujando la puerta y dejando recalar gélidas corrientes de viento que lo revuelven todo, generando un caos corruptor que extiende toda tu displicencia hasta los más recónditos rincones de mi alma.
Y yo, mi yo, se queda solo en el centro de mi habitación, observando el desorden y sin saber por dónde comenzar a recolocar las piezas de este taciturno puzle que me avengo a llamar vida.
Lo peor de todo es que siempre se me olvida cambiar esta maldita cerradura…

jueves, 17 de diciembre de 2015

Testimonio de un torpe suicida...


Nacemos muertos, inútiles y vulnerables; un amasijo de huesos y carne conectados a nuestra creadora por una línea de vida que cortan antes de poder decidir si este mundo es de nuestro agrado. Cuando cortan el cordón morimos por un instante, nos arrebatan la última posibilidad de conservar ese hedónico universo en el que flotábamos con la total libertad de no ser molestados por las interferencias del mundo real.

Es injusto nacer sin que te pregunten, sin avisarte al menos de las consecuencias que tiene la intemperie, ese vasto desierto, a veces jungla, que te absorbe en una espiral vampírica para luego regurgitar tus restos en cualquier rincón sin nombre.

Morimos y nacemos en un acto simultáneo, demostrando la dialéctica de la existencia, intentando desafiar las leyes naturales que posteriormente nos encargamos de violar una y otra vez, obsesionados con controlar el caos inevitable que nos envuelve, que nos rodea como una niebla impidiéndonos conocer cuál será el próximo golpe; ir conduciendo por una oscura carretera vislumbrando apenas el leve fulgor de tus propios faros hasta que el resplandor de otros dos puntos de luz te hacen dar un volantazo hacia la nada y todo termina igual que comenzó: sangre, oscuridad y un hilo que se corta empapado por las lágrimas primigenias de un actor inconsciente de la vorágine del caos.

Sucumbimos y emergemos de nuevo por una oportunidad prestada que nos permite continuar nuestra odisea surcando lóbregas aguas sobre una embarcación perdida entre la bruma y cuyo único consuelo es saber que si nos hundimos, si nos rendimos ante la inmensidad del vacío, regresaremos por un instante a esa matriz en la que todo era perfecto y podremos descansar de la tétrica realidad.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Beber para recordar...

Con la última copa siempre regresa su turbio recuerdo, una neblina que me hace anhelar tiempos que ahora se van desvaneciendo entre el alcohol…


Ella

Es la perfección más imperfecta,
ese cúmulo de fallos y errores
que representan todo lo que quiero;
esa configuración de anhelos
que uno sueña cuando está despierto
y nunca espera sentir en la vigilia.

Es la locura elevada a raciocinio
de forma descendente,
rebuscar en un infierno sin nombre
otra entidad ignífuga
que sepa arder con una mirada abisal
tan profunda como cicatrices nominales.

Es la causalidad más casual,
ese frugal evento aleatorio predestinado
a la circunscripción de mi existencia
cuando estoy acompañado de nadie,
mas rodeado de susurros insondables
procedentes de la nada.

Es locura, es imperfección, es causalidad,
es sueño, es cicatriz, es dolor y realidad.
Es la piedad del verdugo
o quizás su vanidad.
Es infierno, son susurros, es abismo
o quizás perfecta casualidad.

lunes, 10 de agosto de 2015

El Mutismo del Viento

El silencio me pertenece igual que me pertenece mi vida y hago con ella lo que deseo, incluso hacerla desaparecer con un último gesto cobarde, egoísta, valiente, piadoso e incluso altruista y violento.
Como iba diciendo, el silencio me pertenece y callo cuando quiero. Creo cúpulas silentes que utilizo a mi antojo para acallar las voces que perturban mi quietud, cúpulas de cristal generadoras de escenas mudas e inofensivas, tan inocuas como el odio de los muertos recientes.

Poseo el don del silencio, el don invisible, la extraordinaria capacidad de arrastrar las hojas inertes y quebradizas de un otoño impuesto. Levito de un lugar a otro sin ser descubierto ante las miradas incrédulas de los que intentan explicar el sentir de caricias traslúcidas carentes de sentido, henchidas de olvido.

Sé que el silencio me pertenece, mas en ocasiones lo detento como algo robado, lo defiendo con temor a que los reos de las cúpulas destruyan sus prisiones silentes para reclamar la voz que les fue negada, para reclamar conocer el origen del viento y sus razones. Me niego a revelar mis secretos, sobre todo los que moran en las mazmorras más profundas y oscuras, los que tienen el poder de perturbar sueños despiertos.

Me resisto y huyo invisible antes de que me atrapen, antes de que descubran el origen del viento, antes de que recuerden de dónde surgieron esos dedos gentiles y ásperos que jugaban a ser brisa de otoño. Huyo y me resisto a confesar, deslizándome de sombra en sombra, oculto mientras observo la desesperación de mis frustrados captores sin trofeo con el que regresar.

Cuando se marchan sonrío y continúo mi camino, continúo aferrándome a mi posesión más preciada: la nada del sonido.


sábado, 8 de agosto de 2015

Fragmentos de Alma

Expulso fragmentos de alma por las pupilas, segrego volutas de espíritu que ya no puedo contener y emanan a voluntad sin que yo pueda hacer nada, son sus propias dueñas.

Intento agarrarlas en un último gesto desesperado, pero, como el humo, se deslizan entre mis dedos para escapar a mi control y sólo me queda observar su ascenso hacia un lugar al que no tengo acceso.

No sé si existe un límite, si los fragmentos son finitos y llegue el día (o la noche) en que no tenga nada que extraer de la oquedad de mi interior, por eso, mientras lo averiguo seguiré exhalando astillas de ánima a un ritmo incierto, sin ningún poder sobre el cómo ni el cuándo, continuaré observando cómo se escapan cuando menos lo espero.


viernes, 7 de agosto de 2015

Bienvenidos a nuestra taberna

Seguimos aquí, en el bar, elucubrando sobre este causal encuentro entre dos viejos amigos, adeptos de barra, que reflexionan introspectivamente hacia fuera, que observan las realidades que les rodean, pero sobre todo las fantasías que juegan a querer ser verdad.

Eso es lo que podrán encontrar en este embriagador rincón, los escritos de dos tertulianos con muy diversas temáticas y estilos, ya sean prosa, poesía, prosa poética o qué se yo…palabra escrita para ser oída desde el interior, en definitiva.

Y henos aquí, en esta taberna, esperando pacientes a que se llene de ánimas desconocidas que sepan disfrutar de la compañía de la palabra escrita y de la buena bebida.