Expulso fragmentos de alma por las pupilas, segrego volutas de espíritu que ya no puedo contener y emanan a voluntad sin que yo pueda hacer nada, son sus propias dueñas.
Intento agarrarlas en un último gesto desesperado, pero, como el humo, se deslizan entre mis dedos para escapar a mi control y sólo me queda observar su ascenso hacia un lugar al que no tengo acceso.
No sé si existe un límite, si los fragmentos son finitos y llegue el día (o la noche) en que no tenga nada que extraer de la oquedad de mi interior, por eso, mientras lo averiguo seguiré exhalando astillas de ánima a un ritmo incierto, sin ningún poder sobre el cómo ni el cuándo, continuaré observando cómo se escapan cuando menos lo espero.
Intento agarrarlas en un último gesto desesperado, pero, como el humo, se deslizan entre mis dedos para escapar a mi control y sólo me queda observar su ascenso hacia un lugar al que no tengo acceso.
No sé si existe un límite, si los fragmentos son finitos y llegue el día (o la noche) en que no tenga nada que extraer de la oquedad de mi interior, por eso, mientras lo averiguo seguiré exhalando astillas de ánima a un ritmo incierto, sin ningún poder sobre el cómo ni el cuándo, continuaré observando cómo se escapan cuando menos lo espero.

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