sábado, 18 de agosto de 2018

Noches de historias interminables...

Tributo a una noche de verano

Cuando el desván
se nos queda pequeño
y reunimos suficiente valor
tras el estallido ciclogenético,
nos disfrazamos de titanes benévolos
que no devoran a sus hijos
para así engañar a las esfinges
y llegar a la Torre de Marfil
donde nos esperan espejismos
de ese pasado que siempre fue mejor,
pero no.
Donde nos esperan los discordantes ecos
de una voz de luna,
mujer satelital en eterna elipsis
que nuestros pensamientos circunda,
perseguida por el lobo
que hacia el oeste la empuja
en carrera interminable
por el ansia de engullirla
y regurgitar la nada,
descomunal conflagración
de anodinas ánimas
que han perdido la esperanza,
pobres estrellas beodas
que se desmoronan
sin el poder de la Alhaja,
ahora, en posesión
de dos hombres sin causa
embozados tras las máscaras
de magnánimos colosos
que solamente buscan
escapar de la realidad
que los aprisiona.

Dos hombres sentados a la mesa

viernes, 17 de agosto de 2018

Nos persigue el ámbar...

Lapso entre dos luces

No importa el medio de transporte,
pues el ámbar siempre nos persigue,
parpadea incansablemente
con ese tono amenazador
que anuncia el fin del camino,
una parada obligada
que decelera nuestro ritmo
justo cuando llevamos mayor inercia
y nos creemos dioses del Olimpo.

Se fija el bermellón
y una chispa de consciencia
nos advierte de lo imprudente
de nuestra situación.
Se detiene el tiempo
a nuestro alrededor
y nos miramos socarronamente
sabiendo que no hay final
que nos despierte
de esta ensoñación
de dos hombres dementes.

Entonces,
clorofílica explosión,
bofetada de realidad,
la impaciencia de los terrestres
que no entienden
de viajes al espacio,
de nebulosas y agujeros de gusano,
de vivir más allá de lo tangible,
más allá de Orión,
que no entienden
este lapso de tiempo
ni su significación.
Me and my umbrella - by Daroz

domingo, 12 de agosto de 2018

El poder de una palabra...

Campeón

El impacto crea una flor carmesí
por la que escapa mi hálito.
Caigo arrodillado y confuso
arañándome el ánima
e intentando sujetar
los fragmentos translúcidos
que se deslizan entre mis dedos
al tratar de taponar la herida.

Impotente,
observo en derredor
este aciago campo de batalla,
cúmulo de barro y sangre,
en el que perezco una y otra vez
con diferentes rostros.
Veo marcas de mis manos,
mis rodillas, mi torso,
mi espalda mirando al cielo,
mi pecho sucio y embarrado,
mi semblante desencajado, macilento.

Terco, me levanto,
escupo mi orgullo
y Sísifo me sonríe
con las manos ensangrentadas
sabiendo que ouroboros
está masticando su propio extremo.

Entre la multitud de cuerpos
veo la figura
de un anciano y su cuervo.
Decepcionado,
me observa con su único ojo
mientras su lanza mira al cielo
y las altivas valquirias
dibujan círculos concéntricos
en clara señal de desprecio.

Arranco mi corazón
y lo coloco en un altar
a la espera de que
el ave carroñera
tenga a bien devorar
el primer bocado
que la lleve hasta mí
y descuartice los restos
de un cuerpo
que no reclama ningún dios.
Pero esa rapaz
se ha cansado de mí,
no le gustan mis entrañas
ni su sabor a vórtice,
escupe los sanguinolentos pedazos
y se aleja con un graznido
mezcla de risa y amenaza.

Desconsolado,
caigo nuevamente de rodillas
y lloro arena
que uso para limpiar
la sangre de mis manos
antes de que el negro chacal
venga a lamer mis heridas
y cerrarme así 
las puertas del inframundo,
condenándome a deambular
a la espera de un juicio 
que no se celebra nunca,
cuyo volátil adagio
atrae a la gran serpiente
representante del caos 
en el que me hundo.


lunes, 6 de agosto de 2018

Premonición coincidente...

Ragnarök

La oigo,
escucho como se acerca,
siento el viento que arrastra,
huelo el polvo y las cenizas
el hollín que ensucia mi cara
y el sabor a tierra quemada.

Está lejos,
pero ya se acerca,
tambores funestos en la distancia,
tropel de entes nebulosos
emanando infaustos presagios
que apocan ánimas mortales.

Puedo sentirlo,
oscilando el tórrido aire,
vibrando mis ateridos miedos
al tiempo que la quietud
mantiene estático
el momento exacto.

Lo veo,
tsunami grotesco e implacable,
imparable destrucción paralizante
que merma mis arrestos
con la fascinación gargantuesca
que nos produce la inminencia de la muerte.

Åsgårdsreien (1872) de Peter Nicolai Arbo.


La cacería

Ayer casi me coges,
no ibas desencaminada
informe ruina,
me intuías con los ojos plomizos
como la ciudad asolada
a la que miran;
y yo esperaba,
esperaba encogido
allí en las costuras del alma
el cumplimiento profético,
la consumación de la caza.

Ayer casi me coges,
y la culpa siempre es mía
por dejar migas de pan
y guiarte a mi guarida,
para que la encuentres recogida,
ordenada
y con leña en el hogar;
no podrás quejarte,
y eso que siempre fui
menos presa
que rapaz.

"Estoy mascando este jodido sinsabor."

Domingo de resaca. La ruina mental vino servida.


sábado, 4 de agosto de 2018

Noches sin dormir...

Bola de plomo

Me rasgo la piel
haciendo jirones la carne
en un fútil intento
de arrancar
esa esfera incandescente
que acrecienta la desazón
atrapada en mi interior.
Quemaduras que afloran
cual gritos esperpénticos,
mudos y callados,
alaridos de mis ocelos
desorbitados por un dolor
que no siempre comprendo.

Desesperado
quiebro mis huesos,
barrotes de una jaula
en la que encierro
aves de paso
sin posibilidad de vuelo,
criaturas de alas quebradas
cuyos ustibles sueños
configuran ingrávidas esferas candentes
que me hieren desde dentro.

Angustiado
me sumerjo en gélidas aguas
con la intención
de calmar el ardor
que no encuentro,
cuyo origen me desvela
perlando de sudor
una noche tras otra
mientras observo
cómo se evaporan 
las lágrimas
que expele cada poro 
de mi destrozado cuerpo.

'Depression' - Clara Lieu

jueves, 2 de agosto de 2018

El movimiento crea vórtices...

Soy un agente de las sombras bañado por la luz...

De la luz y las sombras

Definitivamente al techo
no le hace falta
otra mano de pintura.
Soy más bien yo
al que se le está
escamando la piel,
quizás el alma,
lascas de espíritu
que voy perdiendo por el camino,
dejando un rastro imperecedero
de motas negras como la pez,
como un rastro de migas de pan
en mitad de un bosque oscuro.
Luciérnagas que revolotean
embelesando a los incautos
y haciendo que pierdan el rumbo,
encaminando a los que deambulan
hacia el centro del abismo,
círculo de sombras
en el que hablo conmigo mismo
mientras me burlo
de la inconsciencia
de los perdidos.
Carente de compasión
me voy alejando entre risas
y espesos esputos carmesís
que auguran el colofón de un ciclo.

"Moving Creates Vortices and Vortices Create Movement". Colectivo japonés TeamLab

Palabras que se me escapan...


Todos dicen I love you

De la nada hilvano palabras
que adquieren su significado
sólo cuando las escribo,
vocablos mudos y ausentes
que me exigen tinta
para poder existir,
para poder entrar en ese diccionario
que escondo en uno de mis ventrículos
y que palpita verbos
en cada uno de mis latidos.

Recopilo voces escritas
que se manifiestan
sólo cuando las invoco,
antiguas lenguas perdidas
que voy descifrando a intervalos imprecisos,
enigmas de un códice olvidado
evocador de términos
que sangran mi memoria
cada vez que reverberan
contra las paredes de mi existencia.