Miedos
No tengo miedo al silencio
sino a la inminencia,
a la eterna espera
de que algo suceda,
ese vértigo repentino
que escala por la espalda
y eriza tu sexto sentido,
perentoriedad perenne
que petrifica tu voluntad
para luego espolear tu cuerpo
en huida hacia delante.
No tengo miedo a la oscuridad
sino de lo que esconde,
sombras periféricas,
caminantes de frontera
que escapan de tu campo de visión
amenazando continuamente
con hacerse corpóreos
y desvelar el secreto
del poder de la inminencia.
No le tengo miedo a la soledad
sino a la ausencia,
momento en el que el universo se expande
y siento la inmensidad sobrecogedora
de un infinito en constante degradación
que nos desprecia ostensiblemente,
haciéndonos sentir diminutas llamas
que perecen en un parpadeo
sin la oportunidad de reclamar
su propia existencia,
inminente presencia del yo.

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