Entropía
A veces me sacudo las sombras
y me permito amar,
me desprendo de la carcasa metálica
que siempre me acompaña
y me concedo la posibilidad de querer.
Salgo como un roedor asustado
de mi inexpugnable madriguera
contrayendo mis pupilas
en un acto reflejo de autodefensa,
previendo los abrasadores fogonazos
de un exterior hostil y arriesgado,
árido desierto
que no perdona la sed,
creando seductoras alucinaciones
que conducen por caminos de perdición
cuyo sabor almizclado
recuerda icores inmortales
provenientes de brechas en flor,
oleoso néctar adictivo
que te hace recaer insistentemente
en la libidinosa epifanía
de unas alas abiertas
con premeditación y alevosía,
paraíso de notas almibaradas, ácidas,
flujos de sal y lujuria
formando perfecta alegoría
de un lúbrico manjar
acompañado de concupiscente sinfonía.
Entropía del gemido,
termodinámica de los cuerpos
entre mi boca y tu sexo.
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| Angelingua 28 - Luis Eduardo Aute |

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