domingo, 30 de septiembre de 2018

El enésimo déjà vu...

Cuando me surge esta sonrisa cansada, recuerdo a aquel hombre observando como se despeña su roca por la falda de la montaña...

La nada de tu voz

Me enamoraron tus silencios,
y me deleito enormemente
mientras me rebano los sesos
intentando averiguar qué estarás pensando,
imaginándome que soy yo, este triste yo,
quien ocupa tus sueños,
depositando esperanzas
en cada leve sonrisa
que me dedicas furtivamente,
en cada mirada fugaz
que entrelaza nuestra timidez.

Y mudo, acompaño a tu silencio con el mío
esperando alguna señal, verdadera o ficticia,
que mantenga la hoguera encendida,
esa hoguera que soy yo, este triste yo,
enamorado de la nada de tu voz.



martes, 18 de septiembre de 2018

Mojándolo todo...

Entropía

A veces me sacudo las sombras
y me permito amar,
me desprendo de la carcasa metálica
que siempre me acompaña
y me concedo la posibilidad de querer.
Salgo como un roedor asustado
de mi inexpugnable madriguera
contrayendo mis pupilas
en un acto reflejo de autodefensa,
previendo los abrasadores fogonazos
de un exterior hostil y arriesgado,
árido desierto
que no perdona la sed,
creando seductoras alucinaciones
que conducen por caminos de perdición
cuyo sabor almizclado
recuerda icores inmortales
provenientes de brechas en flor,
oleoso néctar adictivo
que te hace recaer insistentemente
en la libidinosa epifanía
de unas alas abiertas
con premeditación y alevosía,
paraíso de notas almibaradas, ácidas,
flujos de sal y lujuria
formando perfecta alegoría
de un lúbrico manjar
acompañado de concupiscente sinfonía.
Entropía del gemido,
termodinámica de los cuerpos
entre mi boca y tu sexo.

Angelingua 28 - Apuntes para una Mujer apuntalada
Angelingua 28 - Luis Eduardo Aute


jueves, 6 de septiembre de 2018

Oda a la tristeza...

Actus Tragicus

A veces me apetece estar triste,
hastiado de tanta felicidad,
de tanta sonrisa plástica,
de tanta cirugía del bienestar,
cansado de abrazos postizos
más vampíricos que empáticos,
harto de besos al aire
que no te rozan la piel,
harto de miradas bobaliconas
tan profundas como un charco,
de discursos de autoayuda
vaciadores del alma y los bolsillos,
muñecos de paja
bien rellenos de mentiras
que arden a la mínima chispa
dejando un montículo de sonrientes cenizas.

Exhausto de homilías felices,
de prédicas a la alegría,
exhibo el estigma de Caín
con un orgullo oscuro, placentero,
ufano de mi tristeza,
presumiendo de pertenecer al otro mundo,
envaneciendo a los comunes
que se cruzan en mi camino
y solo saben de seres albos,
luminosos entes intachables
perfectamente aburridos,
rectos y de alegre discurso,
criaturas plomizas
desconocedoras de Abraxas,
de lo oscuro de la luz,
de la feminidad masculina,
de la bella tristeza,
de lo hermoso de la pena,
melancólica sensación de amargura,
pesadumbre del quebranto,
desconsuelo en la nostalgia,
primoroso pesar que nos envuelve
y nos libera.

Bendita tristeza,
hoy sentimiento de trinchera,
revolucionara en estos tiempos
de felicidad imperecedera,
dictadura emocional que nos segmenta
en períodos interminables de bonanza
compartimentando la miseria
en pútridos cajones
que hulen en la distancia,
hedor dulzón
atractivo para moscas y coleópteros,
para buitres y vampiros,
para refinados monstruos extrovertidos.

Extenuado de no poder rendirme,
de querer parar esta carrera insigne
cuya meta es el abismo,
caída sistémica hacia el engranaje
de sonrisas que encajan a la fuerza
en el aparato mundo,
ese software ganadero
que ordeña caras felices
para lubricar una maquinaria lujuriosa,
pornografía del dinero,
prostitución del tiempo libre.

In search of sunrise by Daroz
In search of sunrise by Daroz


lunes, 3 de septiembre de 2018

De nictofobia y otros padecimientos...

Miedos

No tengo miedo al silencio
sino a la inminencia,
a la eterna espera
de que algo suceda,
ese vértigo repentino
que escala por la espalda
y eriza tu sexto sentido,
perentoriedad perenne
que petrifica tu voluntad
para luego espolear tu cuerpo
en huida hacia delante.

No tengo miedo a la oscuridad
sino de lo que esconde,
sombras periféricas,
caminantes de frontera
que escapan de tu campo de visión
amenazando continuamente
con hacerse corpóreos
y desvelar el secreto
del poder de la inminencia.

No le tengo miedo a la soledad
sino a la ausencia,
momento en el que el universo se expande
y siento la inmensidad sobrecogedora
de un infinito en constante degradación
que nos desprecia ostensiblemente,
haciéndonos sentir diminutas llamas
que perecen en un parpadeo
sin la oportunidad de reclamar
su propia existencia,
inminente presencia del yo.



sábado, 18 de agosto de 2018

Noches de historias interminables...

Tributo a una noche de verano

Cuando el desván
se nos queda pequeño
y reunimos suficiente valor
tras el estallido ciclogenético,
nos disfrazamos de titanes benévolos
que no devoran a sus hijos
para así engañar a las esfinges
y llegar a la Torre de Marfil
donde nos esperan espejismos
de ese pasado que siempre fue mejor,
pero no.
Donde nos esperan los discordantes ecos
de una voz de luna,
mujer satelital en eterna elipsis
que nuestros pensamientos circunda,
perseguida por el lobo
que hacia el oeste la empuja
en carrera interminable
por el ansia de engullirla
y regurgitar la nada,
descomunal conflagración
de anodinas ánimas
que han perdido la esperanza,
pobres estrellas beodas
que se desmoronan
sin el poder de la Alhaja,
ahora, en posesión
de dos hombres sin causa
embozados tras las máscaras
de magnánimos colosos
que solamente buscan
escapar de la realidad
que los aprisiona.

Dos hombres sentados a la mesa

viernes, 17 de agosto de 2018

Nos persigue el ámbar...

Lapso entre dos luces

No importa el medio de transporte,
pues el ámbar siempre nos persigue,
parpadea incansablemente
con ese tono amenazador
que anuncia el fin del camino,
una parada obligada
que decelera nuestro ritmo
justo cuando llevamos mayor inercia
y nos creemos dioses del Olimpo.

Se fija el bermellón
y una chispa de consciencia
nos advierte de lo imprudente
de nuestra situación.
Se detiene el tiempo
a nuestro alrededor
y nos miramos socarronamente
sabiendo que no hay final
que nos despierte
de esta ensoñación
de dos hombres dementes.

Entonces,
clorofílica explosión,
bofetada de realidad,
la impaciencia de los terrestres
que no entienden
de viajes al espacio,
de nebulosas y agujeros de gusano,
de vivir más allá de lo tangible,
más allá de Orión,
que no entienden
este lapso de tiempo
ni su significación.
Me and my umbrella - by Daroz

domingo, 12 de agosto de 2018

El poder de una palabra...

Campeón

El impacto crea una flor carmesí
por la que escapa mi hálito.
Caigo arrodillado y confuso
arañándome el ánima
e intentando sujetar
los fragmentos translúcidos
que se deslizan entre mis dedos
al tratar de taponar la herida.

Impotente,
observo en derredor
este aciago campo de batalla,
cúmulo de barro y sangre,
en el que perezco una y otra vez
con diferentes rostros.
Veo marcas de mis manos,
mis rodillas, mi torso,
mi espalda mirando al cielo,
mi pecho sucio y embarrado,
mi semblante desencajado, macilento.

Terco, me levanto,
escupo mi orgullo
y Sísifo me sonríe
con las manos ensangrentadas
sabiendo que ouroboros
está masticando su propio extremo.

Entre la multitud de cuerpos
veo la figura
de un anciano y su cuervo.
Decepcionado,
me observa con su único ojo
mientras su lanza mira al cielo
y las altivas valquirias
dibujan círculos concéntricos
en clara señal de desprecio.

Arranco mi corazón
y lo coloco en un altar
a la espera de que
el ave carroñera
tenga a bien devorar
el primer bocado
que la lleve hasta mí
y descuartice los restos
de un cuerpo
que no reclama ningún dios.
Pero esa rapaz
se ha cansado de mí,
no le gustan mis entrañas
ni su sabor a vórtice,
escupe los sanguinolentos pedazos
y se aleja con un graznido
mezcla de risa y amenaza.

Desconsolado,
caigo nuevamente de rodillas
y lloro arena
que uso para limpiar
la sangre de mis manos
antes de que el negro chacal
venga a lamer mis heridas
y cerrarme así 
las puertas del inframundo,
condenándome a deambular
a la espera de un juicio 
que no se celebra nunca,
cuyo volátil adagio
atrae a la gran serpiente
representante del caos 
en el que me hundo.