domingo, 13 de octubre de 2019

Viene de lejos...

Introspección

Ese soy yo,
un cobarde que lanza reclamos
sin confirmar su autoría,
órdago sin garantía y
escondiendo la mano;
experto en celadas
que no atrapan a nadie,
ridículas trampas 
incapaces de hacer daño.
Rey de los fraudes
que acumulo con vergüenza y orgullo,
falaz sentimiento de supervivencia
al que me aferro por soberbia
en un fatuo acto de arrogancia
que siempre me devuelve
al mismo punto;
regurgitado por las ínfulas
de un altivo gigante,
veraz representante
de la corporeidad de mi ego.

Introspection de Henry Asencio


viernes, 20 de septiembre de 2019

No podrán decir que no lo intenté...

Perecedera concordancia

Fue fugaz como un parpadeo,
como el aleteo de un colibrí
que no se sabe decidir
por la flor que más le gusta
 y termina volviéndose a casa
con un hambre molesta e incómoda.

Repentino como el relámpago
que anuncia su llegada
con estruendosa fanfarria
y juega con el lapso
entre quebranto y luz.

Tan efímero como una exhalación,
como un suspiro entrecortado 
que se atraganta a media voz
entre triste y cansado
pero sin decantarse
por ninguno de los dos.

Tempo huidizo como el de una canción
que pierde la paciencia
y se precipita impaciente 
hacia el olvido a media sonrisa
de este espectáculo atroz.


jueves, 19 de septiembre de 2019

Conversaciones de alcoba...

Maldita adicción

Era adicto a la tristeza
calentada a cuchara y 
picada en vena.
Disfrutaba del subidón
al caer en picado a pozos sin salida,
tumbado de lado
por si vomitaba lágrimas negras
como su vida y 
así evitar ahogarse
con el esputo de melancolía.

Estaba enganchado a la sensación
de perderse en laberintos de miseria,
a morirse un poco cada día y 
asomarse al otro lado del silencio
con una intención indecisamente suicida.

Dipsómano del ígneo dolor
que provocan los tragos de nostalgia
libados de esa botella 
que nunca se vacía.
Parroquiano de un lúgubre bar
en el que el tiempo se condensa
hasta llover gélidas gotas gruesas
que sofocan cualquier atisbo inflamable de alegría.

Factotum de Charles Bukowski

martes, 27 de agosto de 2019

La última noche de Boris Grushenko

Love and Death

Se sentó en aquel banco a la sombra de un granado pequeño que apenas lograba a dar un par de frutos, y se vio como un anciano esperando no se sabe bien qué; quizás ver las horas pasar o a que llegara la Muerte con una invitación para ese ‘más allá’ incierto, pero, en cierto modo, tranquilizador.

En verdad, en el fondo de su ser, deseaba verse cara a cara con la Muerte y decirle: “Dame un rato más, que estoy esperando a ver si veo al Amor pasar”.

Finalmente, la Muerte se lo llevó y cuando el Amor pasó frente a aquel banco bajo la sombra de un granado, vio una carta con su nombre escrito primorosamente, se acercó, abrió el sobre y leyó: “Esperé todo lo que pude, pero resulta que la Muerte es más impaciente que yo”.

Gustav Klimt - Death and Life


domingo, 13 de enero de 2019

Yo soy un hombre como yo...

Noctámbulo Animal

Me hago el esquivo
para no morir de incertidumbre.
Orbito desesperadamente
y fuera de control
tras esa estrella
que me agosta lentamente
con su imantada dulzura,
néctar de una flor de ambrosía
que desprende la fragancia terrible de lo salvaje,
la fragancia irresistible de lo noctámbulo.
Es por ello que 
en la noche me transfiguro
en animal dulcísono,
volcán de emociones y erupciones amatorias
que resquebrajan la tierra bajo mis ojos
para revelarme la irrealidad
en la que me veo sumergido,
ignífero universo,
inalcanzable éter
que sobrevive a todos mis intentos
de desvelar este trampantojo antitético
responsable de mi descenso al erebo,
nocturno lugar sombrío
donde me congratulo con pensamientos quiméricos,
reales y falaces al mismo tiempo.
Suntuosa catábasis
hacia el caos primigenio
del cual me es imposible ascender
por culpa del oscurecimiento
con el que me maldijo Eros.

Man at Bar VII de Fabian Pérez
Man at Bar VII de Fabian Pérez


miércoles, 17 de octubre de 2018

Gabardina

Caminando por las calles de la ciudad
bajo la luz de las farolas,
con ese amarillo caliente,
amarillo agosto,
amarillo tres de la madrugada
de vuelta a casa,
de vuelta de ti,
de todo,
de vuelta.
Las noches de agosto son tan amarillas
y la vida tan granaína,
que yo y mis historias
y su mala follá
de vuelta a las tres,
con las manos en los bolsillos
de esta gabardina inventada,
bordada con mi savoir-faire
y toques vintage,
con tequieros de escaparate,
con esmero,
con clase;
retales de despedida,
de eco y camiones de la basura,
de película noir,
de Bogart con sombrero borsalino,
Rick Blaine sin Ilsa Lund.

De esta es la última vez,
de eso, sobre todo.


"Un cero a la izquierda
no cuida modales ni discute."

Los últimos versos de la tragicomedia.

La belleza de las cicatrices...

Kintsugi

Siempre estaba esperando
a que pasara el cometa
con su órbita irregular,
esperando impaciente,
mirando al cielo nocturno
con la esperanza atragantada,
vaticinando el óbito
de un voyeur astral
experto en acumular paciencia,
experto en esperar
al inminente suceso pleonástico
de elíptica repetición temporal.

Fémina acicular
capaz de colarse
por las hendiduras
de esta fementida armadura
tan vieja como el tiempo
y carcomida por la herrumbre
del agua con sal.

Barruntando, observo la bóveda celeste
a la espera de ver pasar al meteoro,
destello frugal e insignificante
capaz de paralizarme
durante interminables granos de arena
de un inexistente reloj
guardado en el bolsillo izquierdo de mi pecho.

Observo y espero,
espero y observo
a esa estrella transeúnte
mientras arreglo mis fracturas
con barniz de resina
para que se puedan leer en mi piel
esos relámpagos dorados
que recorren todo mi cuerpo.