martes, 27 de agosto de 2019

La última noche de Boris Grushenko

Love and Death

Se sentó en aquel banco a la sombra de un granado pequeño que apenas lograba a dar un par de frutos, y se vio como un anciano esperando no se sabe bien qué; quizás ver las horas pasar o a que llegara la Muerte con una invitación para ese ‘más allá’ incierto, pero, en cierto modo, tranquilizador.

En verdad, en el fondo de su ser, deseaba verse cara a cara con la Muerte y decirle: “Dame un rato más, que estoy esperando a ver si veo al Amor pasar”.

Finalmente, la Muerte se lo llevó y cuando el Amor pasó frente a aquel banco bajo la sombra de un granado, vio una carta con su nombre escrito primorosamente, se acercó, abrió el sobre y leyó: “Esperé todo lo que pude, pero resulta que la Muerte es más impaciente que yo”.

Gustav Klimt - Death and Life


domingo, 13 de enero de 2019

Yo soy un hombre como yo...

Noctámbulo Animal

Me hago el esquivo
para no morir de incertidumbre.
Orbito desesperadamente
y fuera de control
tras esa estrella
que me agosta lentamente
con su imantada dulzura,
néctar de una flor de ambrosía
que desprende la fragancia terrible de lo salvaje,
la fragancia irresistible de lo noctámbulo.
Es por ello que 
en la noche me transfiguro
en animal dulcísono,
volcán de emociones y erupciones amatorias
que resquebrajan la tierra bajo mis ojos
para revelarme la irrealidad
en la que me veo sumergido,
ignífero universo,
inalcanzable éter
que sobrevive a todos mis intentos
de desvelar este trampantojo antitético
responsable de mi descenso al erebo,
nocturno lugar sombrío
donde me congratulo con pensamientos quiméricos,
reales y falaces al mismo tiempo.
Suntuosa catábasis
hacia el caos primigenio
del cual me es imposible ascender
por culpa del oscurecimiento
con el que me maldijo Eros.

Man at Bar VII de Fabian Pérez
Man at Bar VII de Fabian Pérez


miércoles, 17 de octubre de 2018

Gabardina

Caminando por las calles de la ciudad
bajo la luz de las farolas,
con ese amarillo caliente,
amarillo agosto,
amarillo tres de la madrugada
de vuelta a casa,
de vuelta de ti,
de todo,
de vuelta.
Las noches de agosto son tan amarillas
y la vida tan granaína,
que yo y mis historias
y su mala follá
de vuelta a las tres,
con las manos en los bolsillos
de esta gabardina inventada,
bordada con mi savoir-faire
y toques vintage,
con tequieros de escaparate,
con esmero,
con clase;
retales de despedida,
de eco y camiones de la basura,
de película noir,
de Bogart con sombrero borsalino,
Rick Blaine sin Ilsa Lund.

De esta es la última vez,
de eso, sobre todo.


"Un cero a la izquierda
no cuida modales ni discute."

Los últimos versos de la tragicomedia.

La belleza de las cicatrices...

Kintsugi

Siempre estaba esperando
a que pasara el cometa
con su órbita irregular,
esperando impaciente,
mirando al cielo nocturno
con la esperanza atragantada,
vaticinando el óbito
de un voyeur astral
experto en acumular paciencia,
experto en esperar
al inminente suceso pleonástico
de elíptica repetición temporal.

Fémina acicular
capaz de colarse
por las hendiduras
de esta fementida armadura
tan vieja como el tiempo
y carcomida por la herrumbre
del agua con sal.

Barruntando, observo la bóveda celeste
a la espera de ver pasar al meteoro,
destello frugal e insignificante
capaz de paralizarme
durante interminables granos de arena
de un inexistente reloj
guardado en el bolsillo izquierdo de mi pecho.

Observo y espero,
espero y observo
a esa estrella transeúnte
mientras arreglo mis fracturas
con barniz de resina
para que se puedan leer en mi piel
esos relámpagos dorados
que recorren todo mi cuerpo.



domingo, 30 de septiembre de 2018

El enésimo déjà vu...

Cuando me surge esta sonrisa cansada, recuerdo a aquel hombre observando como se despeña su roca por la falda de la montaña...

La nada de tu voz

Me enamoraron tus silencios,
y me deleito enormemente
mientras me rebano los sesos
intentando averiguar qué estarás pensando,
imaginándome que soy yo, este triste yo,
quien ocupa tus sueños,
depositando esperanzas
en cada leve sonrisa
que me dedicas furtivamente,
en cada mirada fugaz
que entrelaza nuestra timidez.

Y mudo, acompaño a tu silencio con el mío
esperando alguna señal, verdadera o ficticia,
que mantenga la hoguera encendida,
esa hoguera que soy yo, este triste yo,
enamorado de la nada de tu voz.



martes, 18 de septiembre de 2018

Mojándolo todo...

Entropía

A veces me sacudo las sombras
y me permito amar,
me desprendo de la carcasa metálica
que siempre me acompaña
y me concedo la posibilidad de querer.
Salgo como un roedor asustado
de mi inexpugnable madriguera
contrayendo mis pupilas
en un acto reflejo de autodefensa,
previendo los abrasadores fogonazos
de un exterior hostil y arriesgado,
árido desierto
que no perdona la sed,
creando seductoras alucinaciones
que conducen por caminos de perdición
cuyo sabor almizclado
recuerda icores inmortales
provenientes de brechas en flor,
oleoso néctar adictivo
que te hace recaer insistentemente
en la libidinosa epifanía
de unas alas abiertas
con premeditación y alevosía,
paraíso de notas almibaradas, ácidas,
flujos de sal y lujuria
formando perfecta alegoría
de un lúbrico manjar
acompañado de concupiscente sinfonía.
Entropía del gemido,
termodinámica de los cuerpos
entre mi boca y tu sexo.

Angelingua 28 - Apuntes para una Mujer apuntalada
Angelingua 28 - Luis Eduardo Aute


jueves, 6 de septiembre de 2018

Oda a la tristeza...

Actus Tragicus

A veces me apetece estar triste,
hastiado de tanta felicidad,
de tanta sonrisa plástica,
de tanta cirugía del bienestar,
cansado de abrazos postizos
más vampíricos que empáticos,
harto de besos al aire
que no te rozan la piel,
harto de miradas bobaliconas
tan profundas como un charco,
de discursos de autoayuda
vaciadores del alma y los bolsillos,
muñecos de paja
bien rellenos de mentiras
que arden a la mínima chispa
dejando un montículo de sonrientes cenizas.

Exhausto de homilías felices,
de prédicas a la alegría,
exhibo el estigma de Caín
con un orgullo oscuro, placentero,
ufano de mi tristeza,
presumiendo de pertenecer al otro mundo,
envaneciendo a los comunes
que se cruzan en mi camino
y solo saben de seres albos,
luminosos entes intachables
perfectamente aburridos,
rectos y de alegre discurso,
criaturas plomizas
desconocedoras de Abraxas,
de lo oscuro de la luz,
de la feminidad masculina,
de la bella tristeza,
de lo hermoso de la pena,
melancólica sensación de amargura,
pesadumbre del quebranto,
desconsuelo en la nostalgia,
primoroso pesar que nos envuelve
y nos libera.

Bendita tristeza,
hoy sentimiento de trinchera,
revolucionara en estos tiempos
de felicidad imperecedera,
dictadura emocional que nos segmenta
en períodos interminables de bonanza
compartimentando la miseria
en pútridos cajones
que hulen en la distancia,
hedor dulzón
atractivo para moscas y coleópteros,
para buitres y vampiros,
para refinados monstruos extrovertidos.

Extenuado de no poder rendirme,
de querer parar esta carrera insigne
cuya meta es el abismo,
caída sistémica hacia el engranaje
de sonrisas que encajan a la fuerza
en el aparato mundo,
ese software ganadero
que ordeña caras felices
para lubricar una maquinaria lujuriosa,
pornografía del dinero,
prostitución del tiempo libre.

In search of sunrise by Daroz
In search of sunrise by Daroz