viernes, 20 de mayo de 2016

Irrupciones II...

Crees que beber es la forma de poder olvidar, pero caes en la trampa de las brumas del recuerdo...
"Characters of the Night" de Fabián Pérez

Con los ecos persistentes de la resaca de la noche anterior, me derrumbo sobre mi cama con la esperanza de poder despejar los malos humores que recorren mi ajado cuerpo, pero sobre todo para desalojar a los que transitan, sin haber sido invitados, por mi alma cansada y tienden a hundirme en ese estado de letargo odioso y agradable que tiene la costumbre de no querer marcharse. 

La música es lo único que me calma, aunque a veces decide jugarme malas pasadas y despierta inveterados recuerdos que había encerrado en las habitaciones más recónditas de mi traicionera memoria, emergiendo abruptamente y situándose en el centro de mis pensamientos como una argéntea luz cegadora que acapara toda la atención, al tiempo que silencia al resto de voces que atesoro en los baúles de mi mente.

Es entonces cuando me sorprendo pensando en ella, imaginando finales alternativos para aquel funesto capítulo que protagonicé sin saber siquiera que la trama transcurría a mi alrededor; centrada en este taciturno personaje fatigado de caer una y otra vez en la misma celada, harto ya de este perenne dejà vu de rostro cambiante que va horadando la promesa de poder zanjar con mi imperecedera maldición, esa que me hostiga desde que saboreé el licor que custodian las mujeres entre sus labios. 

martes, 3 de mayo de 2016

La primera herida es la más profunda

Cuando el alma se te desgarra ya no existe forma posible de volver a fundir los fragmentos resultantes de semejante desolación para recuperar la aleación primigenia. El único remedio que nos queda es rescatar los pecios que vamos encontrando, recomponer las porciones de sustancia que han sobrevivido al naufragio y la mar insondable ha tenido a bien devolvernos.

Cuando la etérea flecha hiende nuestra entidad, quedamos a merced de cualquier taimado cazador sediento de voluntades quebradas; ávido trampero que enmaraña nuestra psique empoderándose sobre su particular montaña de miseria autoimpuesta, cual banshee anunciando nuestra propia muerte, proclamando el deceso de nuestra aquiescencia hasta anular el pundonor que nos pertenece.

Cuando se rasga el alma y el súbito venablo nos atraviesa arrebatándonos el hálito vital, sucumbimos por unos instantes al lapso que se toma el tiempo, ese receso interminablemente escueto y sin sentido que concluye en el momento en el que el corazón reanuda su efímera función, pero esta vez de forma diferente, desacompasada, a un ritmo incierto, casi imprudente, pues la forzosa deconstrucción lega pozos ciegos de aguas negras que se volatilizan abandonando los residuos en un vacío imposible de rellenar; “en estas condiciones no hay alivio posible, ni el bálsamo falaz de la nostalgia, ni el más firme consuelo del olvido”.


sábado, 16 de enero de 2016

Irrupciones...

Algunas mujeres te atrapan el alma y no la sueltan hasta que ya no queda nada más que absorber, nada más de lo que poder alimentarse...


Vuelves para remover los posos de remembranzas que escondo en cajones bajo llave. Irrumpes humilde en mis aposentos, grácil e inocente, con esa gracia que me calma como una dulce melodía calma a las bestias, usando ese tono afable cercano al ronroneo, canto de sirenas que me hace caer en tu trampa de forma irremediable, mas cuando te sabes vencedora de este duelo entre dioses y mortales, te marchas empujando la puerta y dejando recalar gélidas corrientes de viento que lo revuelven todo, generando un caos corruptor que extiende toda tu displicencia hasta los más recónditos rincones de mi alma.
Y yo, mi yo, se queda solo en el centro de mi habitación, observando el desorden y sin saber por dónde comenzar a recolocar las piezas de este taciturno puzle que me avengo a llamar vida.
Lo peor de todo es que siempre se me olvida cambiar esta maldita cerradura…

jueves, 17 de diciembre de 2015

Testimonio de un torpe suicida...


Nacemos muertos, inútiles y vulnerables; un amasijo de huesos y carne conectados a nuestra creadora por una línea de vida que cortan antes de poder decidir si este mundo es de nuestro agrado. Cuando cortan el cordón morimos por un instante, nos arrebatan la última posibilidad de conservar ese hedónico universo en el que flotábamos con la total libertad de no ser molestados por las interferencias del mundo real.

Es injusto nacer sin que te pregunten, sin avisarte al menos de las consecuencias que tiene la intemperie, ese vasto desierto, a veces jungla, que te absorbe en una espiral vampírica para luego regurgitar tus restos en cualquier rincón sin nombre.

Morimos y nacemos en un acto simultáneo, demostrando la dialéctica de la existencia, intentando desafiar las leyes naturales que posteriormente nos encargamos de violar una y otra vez, obsesionados con controlar el caos inevitable que nos envuelve, que nos rodea como una niebla impidiéndonos conocer cuál será el próximo golpe; ir conduciendo por una oscura carretera vislumbrando apenas el leve fulgor de tus propios faros hasta que el resplandor de otros dos puntos de luz te hacen dar un volantazo hacia la nada y todo termina igual que comenzó: sangre, oscuridad y un hilo que se corta empapado por las lágrimas primigenias de un actor inconsciente de la vorágine del caos.

Sucumbimos y emergemos de nuevo por una oportunidad prestada que nos permite continuar nuestra odisea surcando lóbregas aguas sobre una embarcación perdida entre la bruma y cuyo único consuelo es saber que si nos hundimos, si nos rendimos ante la inmensidad del vacío, regresaremos por un instante a esa matriz en la que todo era perfecto y podremos descansar de la tétrica realidad.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Beber para recordar...

Con la última copa siempre regresa su turbio recuerdo, una neblina que me hace anhelar tiempos que ahora se van desvaneciendo entre el alcohol…


Ella

Es la perfección más imperfecta,
ese cúmulo de fallos y errores
que representan todo lo que quiero;
esa configuración de anhelos
que uno sueña cuando está despierto
y nunca espera sentir en la vigilia.

Es la locura elevada a raciocinio
de forma descendente,
rebuscar en un infierno sin nombre
otra entidad ignífuga
que sepa arder con una mirada abisal
tan profunda como cicatrices nominales.

Es la causalidad más casual,
ese frugal evento aleatorio predestinado
a la circunscripción de mi existencia
cuando estoy acompañado de nadie,
mas rodeado de susurros insondables
procedentes de la nada.

Es locura, es imperfección, es causalidad,
es sueño, es cicatriz, es dolor y realidad.
Es la piedad del verdugo
o quizás su vanidad.
Es infierno, son susurros, es abismo
o quizás perfecta casualidad.

lunes, 26 de octubre de 2015

Sombras en la noche...


Haz de luz

Tengo miedo de mi propia sombra.
Cuando no la miro
ella me observa desde atrás
calculadora y fríamente,
esperando, pensando en asaltarme
tras el próximo haz de luz
que la vuelva corpórea y mortífera.

Es curioso cómo la sombra
es sólo sombra si hay luz,
porque cuando todo es oscuro
se diluye, se pierde, se masifica
entre la multitud de sombras
todas agolpadas y sin identidad,
impacientes por reivindicar sus formas,
inquietas por que las riegue la luminiscencia
y puedan gritar, “¡Soy yo, mírame!
¡Soy yo, sombra de tu luz,
viajera incansable, fiel seguidora,
tormento de tus días y susurro en tus noches!
¡Soy yo, tu negra irradiación, tu oscuridad,
evidencia de tus males y tu humanidad!
¡Aborréceme y hazme leviatán abominable!
¡Despréciame y conviérteme en tortura interminable!
Inúndalo todo de luz
y no harás más que clonarme,
mas si me amas, te devoraré,
serás un cascarón inerte,
moribundo, tembloroso y errante”.

Es curioso cómo la sombra
es cruel ante el odio,
peor frente al amor,
dependiente de su peor enemiga
que le otorga el ser
con su candor.

Y yo…
Yo sólo soy una sombra,
la sombra de un hombre.


jueves, 8 de octubre de 2015

La somnolencia de la embriaguez...

Tener al enemigo dentro

Me retuerzo entre las sombras
intentando averiguar quién es
ese esperpento que me devuelve el espejo,
quién es ese espectro difuso,
inconsistente, volátil, oscuro.

Miro y sólo veo humo configurando
una silueta grotesca y hambrienta
pidiendo cada vez más,
exigiendo cada vez más sombras,
más oscuridad, más terreno.

Engullendo pedazo a pedazo
la poca luz que albergo
para después regurgitar
pequeños demonios incandescentes
que lo queman todo a su paso,
convirtiendo así en cenizas
lo poco que queda de mí,
si es que todavía queda algo.