martes, 23 de junio de 2020

Durante el confinamiento...

Pandemia

Un odio ulcerado
por años de tristezas inconclusas,
quistes purulentos
que envenenan mi sangre
convirtiendo cada momento
en roncos estertores
destructores del descanso y el aliento.
Ponzoña intrépida,
descarada,
ufana de su vetusto poder,
esclavista de albos sentimientos
convertidos en lejanos ecos,
reos en las mazmorras del pensamiento
y condenados a vagar sin rumbo cierto.

Para cuando quiero darme cuenta
se me acaba la paciencia
y me desmorono llorando arena,
arena que erosiona mi rostro
abriendo irregulares surcos catalizadores del odio,
correntías de dolor
que me calman
como el láudano
calma los sentidos de los moribundos.
Lágrimas opiáceas
que me alejan del abismo,
de un día a día
repetitivo y vacío
en eterno bucle espacio temporal,
exánime existencia sin sentido.

My Demons by Zary

miércoles, 29 de abril de 2020

Para mi muy mejor amigo...

Acompañando al Olvido

Creyendo que caminaba en firme
mientras perseguía al tiempo
en forma de conejo
se abrió un abismo bajo sus pies,
eterna caída atemporal
de recuerdos caleidoscópicos
que saltan como el perseguido animal
a escenas pretéritas
de un futurible incierto
tan veraz como la fantasía de un niño
que no sabe distinguir
entre el ayer
y las rosas de hoy sin recoger.
Precipitándose a cámara lenta
frente a una infinitud de pantallas
que proyectan capítulos inconexos
de una fragmentada vida
ajena al ahora
en el que viven los espectros
de amables rostros,
seres perentorios,
ángeles y demonios,
guardianes de los gritos
que atraviesan la noche abisal
como una grieta que fractura la roca
de un suelo que no cesa de temblar.
Víctimas inocentes
de una cándida mente,
psique mártir del tiempo
que se desvanece
como un ajado reflejo
en la superficie de un estanque
golpeado por el lúcido lapso
de su último recuerdo.

Anciana by Ngoc Truong

sábado, 4 de abril de 2020

Día triste para el Arte

Mi humilde y sentido homenaje en forma de poema para Luis Eduardo Aute, ser humano irrepetible, artista polifacético y que me ha acompañado a lo largo de mi vida con sus canciones y su pensamiento. Nos veremos en Albanta maestro:

Lástima, Luis

Si te dijera, amigo mío,
que no quiero que llegue
esta aciaga madrugada
porque se ha secado mi Giraluna,
ese que cuidaba con alevosía,
regaba con polvo enamorado
y ahora no es más que flor de ceniza.
No quiero que llegue esta terca noche,
tener que hacer de tripas corazón
que de la luz y la sombra
surja el arrebato de la inocencia,
pues es peligroso asomarse al interior
y pensar que puede haber algo más,
algo invisible, en el aire
como alas y balas o todo lo contrario.
Solo pido cinco minutos
antes de que llegue el sinvivir
de saber que hoy, ahora, ya
no estés y no pueda volver a verte
y me quede sin tu latido.
Al final me quedaré dormido
mojándolo todo con mis lágrimas
y al alba, más allá de las cuatro y diez,
estaré recordándote
y de alguna manera sabré
que todavía queda la Música,
tu música, tu cine, tu arte, tu libertad…
que más allá del viento y del tiempo,
de este laberinto de tinieblas
estarás tú en el Universo
como una estrella fugaz.

De la luz y la sombra de Luis Eduardo Aute

miércoles, 16 de octubre de 2019

Tropezar con uno mismo...

Impedimentos

Me tropiezo sin sentido
sorprendido por la sacudida 
y cuando miro al suelo 
para ver qué me impide seguir adelante 
veo un pedazo sanguinolento 
de lo que parece un corazón.
Como un estúpido 
me quedo mirando, 
intentando asimilar 
lo que tengo entre mis pies 
empapados de sangre,
intentando comprender 
porqué gotea mi pecho profusamente, 
porqué del rojo pasa a la brea 
desprendiendo un olor 
entre quemado y triste.

Comienzo a perder las fuerzas 
y el telón de mi mirada 
empieza a desvanecerse 
cuando me doy cuenta 
del agujero humeante 
que tengo a la siniestra de mi cuerpo.
Al principio pienso 
en que haya podido ser un ataque, 
pero los huesos están quebrados hacia fuera, 
como una implosión lacerante 
que luchaba por salir.

Me desplomo extenuado
quedando sin resuello 
y termino mirando 
el pedazo sanguinolento 
que parece un corazón, 
lo miro con cariño y con desprecio 
sabiendo que es la causa de mi perdición,
sabiendo que es presagio de desdichas,
consciente de mi ajada maldición
imposible de ahogar en alcohol.

In a Lonely Place - Humphrey Bogart

domingo, 13 de octubre de 2019

Viene de lejos...

Introspección

Ese soy yo,
un cobarde que lanza reclamos
sin confirmar su autoría,
órdago sin garantía y
escondiendo la mano;
experto en celadas
que no atrapan a nadie,
ridículas trampas 
incapaces de hacer daño.
Rey de los fraudes
que acumulo con vergüenza y orgullo,
falaz sentimiento de supervivencia
al que me aferro por soberbia
en un fatuo acto de arrogancia
que siempre me devuelve
al mismo punto;
regurgitado por las ínfulas
de un altivo gigante,
veraz representante
de la corporeidad de mi ego.

Introspection de Henry Asencio


viernes, 20 de septiembre de 2019

No podrán decir que no lo intenté...

Perecedera concordancia

Fue fugaz como un parpadeo,
como el aleteo de un colibrí
que no se sabe decidir
por la flor que más le gusta
 y termina volviéndose a casa
con un hambre molesta e incómoda.

Repentino como el relámpago
que anuncia su llegada
con estruendosa fanfarria
y juega con el lapso
entre quebranto y luz.

Tan efímero como una exhalación,
como un suspiro entrecortado 
que se atraganta a media voz
entre triste y cansado
pero sin decantarse
por ninguno de los dos.

Tempo huidizo como el de una canción
que pierde la paciencia
y se precipita impaciente 
hacia el olvido a media sonrisa
de este espectáculo atroz.


jueves, 19 de septiembre de 2019

Conversaciones de alcoba...

Maldita adicción

Era adicto a la tristeza
calentada a cuchara y 
picada en vena.
Disfrutaba del subidón
al caer en picado a pozos sin salida,
tumbado de lado
por si vomitaba lágrimas negras
como su vida y 
así evitar ahogarse
con el esputo de melancolía.

Estaba enganchado a la sensación
de perderse en laberintos de miseria,
a morirse un poco cada día y 
asomarse al otro lado del silencio
con una intención indecisamente suicida.

Dipsómano del ígneo dolor
que provocan los tragos de nostalgia
libados de esa botella 
que nunca se vacía.
Parroquiano de un lúgubre bar
en el que el tiempo se condensa
hasta llover gélidas gotas gruesas
que sofocan cualquier atisbo inflamable de alegría.

Factotum de Charles Bukowski