de reloj
-como si los hubiera de otro tipo-.
Inventando ruedas,
conspirando la caída de imperios,
entre lúpulo y doble malta
(que yo siempre fui de gustos oscuros),
mi compinche y yo.
Matando a nuestros hijos,
devorándolos,
en lo nocturno y alevoso,
como dos titanes de lo antiguo,
Crono e Hiperión
embebidos en grutas del Tártaro.
Buscando,
dos minutos después
por alguna razón,
a Rea en la siguiente parada,
en la siguiente gruta,
siempre peor iluminada
y menos agradable que la anterior,
siempre,
y siempre en minutos pares
miro el reloj.
Y ahí seguimos por alguna razón,
nocturnos y alevosos,
asaltando caminos y aceras los
alegres bandoleros
hablando de libertades,
y de la insoportable levedad del ser,
y del arte de pintar pequeñas esculturas,
y deshaciéndonos,
y llorándonos,
y cambiando el mundo entre tragos
mi compinche y yo;
banda armada de dos.
Me dices que es tarde,
miro el reloj:
las cinco y diecisiete,
no te lo perdono.
"Volver a casa de día
con las manos vacías
y el alma en el suelo."
P.D.: En lo alto del cerro de palomares
con las manos vacías
y el alma en el suelo."
P.D.: En lo alto del cerro de palomares
unos dicen que nones y otros...




